NOTICIA


 

EL MUNDO, DOMINGO 2 DE JULIO DE 2006

ANDALUCÍA

FRANCISCO PIZARRO

Cirujano pediátrico del Hospital Reina Sofía

«El SAS se permite castigar a médicos sin trabajar pese a las listas de espera»

SILVIA MORENO

SEVILLA.-Tantas represalias han tomado los responsables del Hospital Reina Sofía de Córdoba contra el cirujano pediátrico Francisco Pizarro, que lleva años denunciando numerosas irregularidades en las urgencias del Infantil, que para hacer la entrevista pone como condición poder responder por escrito.

Este jefe de sección, con casi treinta años de trabajo en el hospital cordobés y que ahora lleva más de un año sin operar y sin ver pacientes pese a que oficialmente no está sancionado, quiere meditar bien sus respuestas para que nadie intente usarlas en su contra.

PREGUNTA.-Con las listas de espera que hay, resulta difícil de entender que no le permitan operar a niños, ni le citen pacientes...

RESPUESTA.- Efectivamente es difícilmente comprensible que el sistema público de salud se pueda permitir el lujo de tener profesionales penalizados sin trabajar, no es un eufemismo, y simultáneamente haya listas de espera.

En mi caso y como me considero un médico vocacional, el hecho de que no se me permita ejercer mi profesión, no tener actividad clínica alguna, es el mayor castigo que me han podido imponer, lo considero de una crueldad rayana en el refinamiento.

P-También es un poco incomprensible que no se haya cumplido la sentencia del TSJA, ya firme, que ordenaba al hospital su regreso al sistema de guardias.

R.-Para mí, es incomprensible y alarmante que un servidor público, como es el gerente de un hospital, pueda con total impunidad incurrir en desacato al TSJA al no cumplir una sentencia que es firme desde hace 5 meses, pero anteriormente también había ignorado un dictamen del Defensor del Pueblo sobre la obligatoriedad impuesta por el jefe del servicio y el jefe de la sección de traumatología de ejercer como traumatólogos en las urgencias sin estar cualificados para ello.

P-Todo esto es una clara represalia por haber denunciado estas irregularidades. ¿Lo ve usted así?

R.-Es evidente, pero no soy el único profesional de la medicina represaliado en este hospital, hay otros. La situación verdaderamente grave es que esas irregularidades existen, como señala la sentencia del TSJA, y sujetos pasivos de esas irregularidades son nuestros pacientes. ¿Cómo es posible que tenga que ser un tribunal de justicia el que tenga que decirle a un gerente que los niños con fracturas tienen que ser atendidos por un traumatólogo, como ocurre en los 46 hospitales españoles donde también existen cirujanos pediátricos?

P-Usted se formó en Gran Bretaña con algunos de los mejores expertos en cirugía pediátrica, y también fue el que implantó una técnica pionera en el Reina Sofía para el tratamiento del reflujo vésicoureteral en el niño. No se entiende muy bien que lo hayan apartado de su trabajo.

R.-No es tan difícil de entender. La valía profesional no tiene importancia cuando de lo que se trata es de prescindir del médico que en ejercicio de la ética profesional tiene que manifestar su oposición ante irregularidades que afectan a sus pacientes.

«Es alarmante que un servidor público, como un gerente, incumpla una sentencia firme del TSJA»

«Los niños cordobeses corren unos riesgos que no se conciben en hospitales de India, Brasil o Filipinas»

P-La dirección del Reina Sofía siempre ha negado las irregularidades y ha intentado presentarle a usted como un incompetente.

R.-Y eso... ¿Le extraña? Descalificar, desacreditar, desautorizar y anular al disidente ha sido desde los tiempos más remotos la mejor técnica para deshacerse de la persona incómoda. Negar la evidencia es otra, pero los hechos son tozudos y el problema sigue ahí sin resolverse. Dan la razón a Azaña cuando decía que «muchos españoles creen que eludir los problemas es resolverlos».

P-¿Por qué otros compañeros suyos no le han apoyado en sus denuncias?

R.-Es preciso resaltar que las protestas fueron colectivas en nuestro servicio incluyendo al jefe del servicio y al jefe de la sección de traumatología hasta un determinado momento, alrededor de 1999. Repentinamente y de una forma, yo diría que casi milagrosa, todos los que protestaban con argumentos sólidos dejaron de hacerlo.

P-Usted hizo una encuesta que revela que el Reina Sofía es el único hospital del mundo que hace a sus cirujanos pediátricos ejercer como traumatólogos.

¿Cómo se le ocurrió la idea de hacer una encuesta?

R.-Desde los comienzos de este desdichado asunto, ha sido necesario, día tras día, demostrar lo obvio. Primero hubo que recurrir a la comisión nacional de la especialidad de Cirugía Pediátrica para probar que los cirujanos infantiles no estábamos cualificados para actuar como traumatólogos.

Después, una encuesta entre los 46 hospitales españoles para demostrar que en ninguno de ellos se obligaba a cirujanos pediátricos a atender las urgencias de traumatología ósea. Posteriormente, la amplié hasta llegar a la cifra de 406 hospitales encuestados en 92 países.

P-Qué le decían sus colegas sobre el sistema de Córdoba?

R.-El resultado ha sido sorprendente y contundente. Somos el único hospital en el mundo en el que a cirujanos pediátricos sin la cualificación traumatológica exigible se les obliga a ejercer como traumatólogos en las Urgencias. Los niños cordobeses corren unos riesgos que no se conciben, no ya en Canadá, Alemania, Finlandia o países del mundo desarrollado, es que no ocurre en India, Pakistán, Brasil, Malaysia o Filipinas por poner sólo unos ejemplos.

P-Más de veinte años con un sistema irregular en las guardias. ¿Por qué no se ha cambiado?

R.-Esto habría que preguntárselo a los responsables, pues protestas ha habido y muchas, de enfermería, de los médicos de puerta, de los cirujanos, de los pediatras... La soberbia es una mala consejera y admitir que se está equivocado es difícil o imposible para personas con esta característica personal. Hay también otro tipo de intereses en los que prefiero no entrar.

P-Va a presentar una denuncia por acoso laboral?

R.-Todos los hechos ocurridos desde 1978, con su documentación probatoria, están recogidos en un informe que está en manos de mis abogados, como el acoso al que he estado sometido, al tener que denunciar irregularidades que han perjudicado a nuestros pacientes. El acoso ha sido tan intenso y cruel que se van a ejercer todos las acciones legales que contempla nuestro estado de Derecho para defender a un ciudadano que, en el cumplimiento de su deber, ha sufrido menoscabo en su buen nombre y dignidad personal y profesional.

P-Tengo entendido que también recibió amenazas.

R.-Amenazas e intentos de agresión, como al tratar de defender a una enfermera que había sido insultada por llamar al cirujano de guardia durante su turno de noche para que viera a un niño que tenía una pierna fracturada y sufría intenso dolor al haberse roto el sistema de inmovilización y tener los fragmentos del hueso desplazados. Este cirujano, tras insultarla y pedirle explicaciones por haberle llamado a las 3 de la noche, volvió a su habitación sin, ni siquiera, haber visto al niño. A este cirujano no le pasó nada y yo fui increpado, insultado y casi agredido cuando en una sesión clínica quise discutir el caso. «No puedo olvidar a un recién nacido que falleció con un catéter dentro»

P-La sentencia del TSJA y usted mismo señalan el «riesgo» para los pacientes en las urgencias. ¿Puede citar algún caso en el que hubo peligro para los niños?

R.-Cuando protesté porque a una niña se le había refracturado una pierna porque el aparato de sujeción cedió bajo el peso de la pequeña, y según supimos por boca de uno de los miembros de la sección de traumatología, este aparato había cedido por estar defectuoso al ser de un solo uso y se les obligaba a reutilizarlos múltiples veces, fui increpado y acusado de no tener espíritu de equipo. Mientras la niña yacía con la pierna fracturada por utilizar material defectuoso, el cirujano que protestó fue castigado con la pérdida de las guardias y el 35% de su salario mensual.

Podría enumerar decenas de casos vividos en una dilatada carrera profesional, pero no es lo más importante. Sin embargo, no puedo olvidar a un recién nacido operado y que falleció al quedar un fragmento de catéter en su interior. El cirujano que operó al niño calificó, en una carta al gerente, como esquizofrénico al que había pedido una investigación de lo ocurrido.

Lo único que pudo alegar el responsable de la intervención sobre las causas del fallecimiento del niño fue que el cirujano denunciante era un «esquizofrénico». El gerente no hizo nada.

P-Y con esos casos, ¿qué se hizo? ¿Son negligencias médicas? ¿Se enteraron las familias?

R.-La frase "alarma social" impide que los hechos trasciendan. Raramente los padres se enteran de lo que ha ocurrido.

P-¿Alarma social?

R.-Aquellos que quieren ocultar irregularidades recurren a la expresión “alarma socia” cada vez que ocurre algo en un hospital, cada vez que un enfermo sufre las consecuencias de un error médico o una negligencia. Se recurre a ella para que nadie se entere de nada, pero yo creo que la alarma social la crean los que faltan a la ética profesional, no los que denuncian irregularidades.