La muerte de nuestros seres más queridos nos
produce un gran dolor, pero si la muerte se
produce por hechos gratuitos que cortan el
ciclo natural de la vida, resulta imposible
de asumir, sobre todo, cuando es el hijo el
que muere.
Entre las muertes nunca se pueden establecer
comparaciones, ¡nunca!, pero todo y
así, existen añadidos, y quienes más los
padecemos somos las víctimas de negligencias
médicas: indiferencia y soledad social,
entre otros.
Las víctimas de negligencias médicas hemos
de sufrir la indefensión más absoluta además
de los ataques y amenazas de los médicos que
nos causan el mal, la indiferencia de los
políticos, los informes falsificados de los
forenses, la injusticia de la justícia - los
jueces más bien se comportan como abogados
defensores de los acusados en lugar de
juzgadores y juzgar con ecuanimidad y
honestidad - y, no podemos salir a
manifestarnos porque nos amenazan y se nos
acusa de injuriar y calumniar.
Yo, personalmente, he sido acusada y
condenada por dos veces, y es posible que
sigan más condenas porque, como se puede
comprender, nadie puede prohibirme que haga
público mi testimonio cuando sólo cuenta la
verdad de los hechos ocurridos. Y, ¿saben?,
puedo hacerlo porque no tengo más hijos, de
lo contrario me tendría que cuidar muy mucho
de no hacerlo porque podrían ser ellos
quienes pagaran las consecuencias.
Es una situación inimaginables o de ciencia
ficción la que sufrimos las víctimas de
negligencias médicas. Y por más ignominia,
se nos acusa de querer enriquecernos a costa
de las mismas.
La Señora Inés Huerta Gaditano, Presidenta
de la Sección Octava del Tribunal Superior
de Justicia de Madrid, no ha tenido ningún
reparo ni ningún tipo de pudor en decir
públicamente en el Colegio de Médicos de
Madrid y en unas "jornadas de trabajo" como
se les llama, que "quienes denunciamos
encontramos en las negligencias una forma de
enriquecernos".
¡Una forma de enriquecernos! cuando son
"ellos", los médicos imprudentes, quienes
nos han sacado primero el dinero cuando ha
sido en la privada o han cobrado con
nuestros impuestos cuando se trata de la
publica, cuando son "ellos", los médicos
imprudentes son quienes han robado, la
salud o la vida de nuestros hijos o seres
queridos o la nuestra .
Cuántas veces me he preguntado: ¿Quien puede
tener el alma tan negra para creer que una
compensación económica puede pagar la muerte
de un hijo, una incapacidad, un coma
irreversible?... ¿Cree alguien que con
dinero puede pagar el daño, los sufrimientos
que causa esta sinrazón médica que sobrepasa
los límites de la comprensión humana?
A mi hijo le robaron su Salud, su dinero y
su Vida. Yo, como tantos otros padres y
madres, he tenido que vender mis negocios y
mi patrimonio para atender las necesidades
que se le crearon a mi hijo por culpa de
unos "impresentables" que le destrozaron la
vida y le condenaron irreversiblemente a una
muerte cruel, y para poder seguir adelante
con los procesos judiciales que después de
haber pasado casi dos décadas desde que se
iniciaron todavía no han terminado. Sólo
para poder ver sentados en el banquillo de
los acusados a los médicos culpables ya tuve
que esperar siete años a partir de ser
admitida a trámite la querella criminal.
Esta ya fue la primera gran injusticia
judicial, y, a mí, a mí me han destruido la
vida. ¿Cree alguien que esta es la forma de
enriquecerse? Quien así lo crea que tenga el
valor de decirlo pero mirando a los ojos de
las víctimas, a las que han dejado vivas,
¡claro!, y vea después si puede seguir
manteniendo esta atrocidad. Que lo diga
mirando a los ojos de Miguel, hijo de Carmen
Flores, Presidenta de la Asociación el
Defensor del Paciente, querida y respetada
compañera de tantos años de lucha. Que lo
diga mirando a los ojos de Miguel al que un
médico sin ética moral ni profesional dejó
tetrapléjico cuando la operación tenía que
evitar que esto sucediera en un futuro,
además, improbable. Que lo diga mirando a
los ojos de los niños que han dejado en coma
virgil como el hijo ya muerto de mi otra
compañera Marisol Martín Maure. Que mire a
los ojos de tantos y tantos niños y jóvenes
a los que han condenado gratuitamente a
vivir una existencia cruel sin futuro
ninguno, o que los diga mirando a los ojos
de los padres, quizás, entonces, se dará
cuenta de los ruines que son sus palabras o
de lo ruin que es como persona.
A nuestro hijos muertos les han espoliado,
les han robado gratuitamente la vida. A
nuestros hijos les han negado el derecho a
su futuro; a disfrutar de la compañía de su
familia, de la compañía de sus amigos, de
poder desarrollar todos sus proyectos,
casarse, tener hijos, verlos crecer y
disfrutar de sus alegrías... Disfrutar de
las maravillas que nos ofrece la Naturaleza;
de una maravillosa puesta de sol..., de
poder escuchar el canto de los
pájaros...,sentir en el rostro el aire
fresco de los amaneceres..., escuchar una
buena música... Disfrutar de las nuevas
tecnologías, de las obras de Arte o de las
obras humanas que todavía son capaces de
hacer algunos hombres buenos...Tener
ilusiones, esperanzas... En definitiva,
disfrutar de la vida que les pertenecía con
sus alegrías y sus penas. Y, en cuanto a los
que aún siguen siguen vivos, muchos de
ellos, es como si estuvieran muertos.
Este es el enriquecimiento de las víctimas
de negligencias médicas. No quisiéramos
tener que desearles, a los que creen que así
nos enriquecemos, que para que entendieran
lo que es sufrir una negligencia médica
tuviera que padecerla.
Es cierto que hoy en día se ganan bastantes
juicios, pero todo y así resulta una burla
para la víctima si ésta ha quedado viva. Las
compensaciones económicas no cubren las
necesidades de quienes las padecen, y ni
aunque estas compensaciones económicas
fueran súper millonarias, no pagarían nada,
porque no hay dinero suficiente en el mundo
que pueda pagar una vida o una incapacidad.
Aunque, no cabe duda, de que si estas
indemnizaciones millonarias las tuviera que
pagar el médico de su propio bolsillo - no
olvidemos que estas indemnizaciones, la
mayoría las paga el ciudadano, otra
inmoralidad por parte del Sistema
Sanitario -, las muertes por imprudencias
desaparecerían.
La vida humana es única, irrepetible,
sagrada e inviolable: nadie tiene derecho a
causar daños irreparables, segar vidas
humanas y después seguir por la vida como si
nada hubiera hecho como si nada hubiera
pasado, impune ante la ley. Y, esto, por más
poder social o político que posea el
agresor.
Queremos tener la esperanza de que en esta
nueva Legislatura, los Políticos SÍ
contemplaran las agresiones por negligencias
médicas y judiciales como contemplan las
agresiones en otros órdenes de la vida,
aunque, tristemente, en los discursos
políticos no se hayan pronunciado ni una
sola vez en estas importantes
materias materias.
Esperemos que en esta ocasión el respeto de
los derechos, de la salud y la vida sea
igual para todos.
Para terminar sólo decir que, a nosotros, en
la clínica privada pagamos por la terapia
por adelantado y no nos dieron recibo ni
comprobante de pago. Terapia que
"achicharró" el cerebro físicamente sano de
mi hijo como sentenció la Señora Fiscal en
una de las vistas orales del Juicio cuando
el tan sólo intentaba solucionar un problema
psicológico: una neurosis obsesiva, manías
como se les llamaba antes. "¡Háztelo,
Arturo! ¡Háztelo! ¡No te arrepentirás, lo
peor que te puede pasar es que te quedes
como estás pero vale la pena probar!" le
dijeron los médicos. Mi hijo, después de
hacerles las mil y una preguntas sobre la
seguridad del tratamiento propuesto, les
creyó y ellos le mataron. Nos habían vendido
"el tratamiento del futuro". En una sola
sesión de radioterapia, "rayos gamma", le
aplicaron la dosis letal. No le dejaron ni
la más mínima posibilidad de esperanza de
salvación.
Los médicos acusados declararon en el juicio
que "aplicaron la radiación por el ojo
clínico", que "no avisaron al paciente del
peligro que corría porque nadie se lo
haría", y que, "los rayos de vez en cuando
dan una broma y si la dan es imprevisible".
Casi dos décadas luchando para conseguir
Justicia para mi hijo. Con todas las pruebas
en la mano para poder condenar sin
paliativos a los médicos que segaron
gratuitamente su vida, no hemos obtenido la
tutela judicial que nos corresponde. Ni la
Justicia ni la Administración, hasta el
momento, no nos han hecho, eso, Justicia. Y
aunque no han terminado los procesos
judiciales - pueden pasar entre cinco y diez
años más -, quien sí nos está haciendo
Justicia, día a día, es este medio
extraordinario llamado "Internet".
"Internet", este medio que no me había
llamado la atención antes, se ha convertido,
inesperadamente, en nuestro más fiel
colaborador y amigo. Así sea por muchos
años.
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