profile="http://gmpg.org/xfn/11"> MI REFLEXION Y PENSAMIENTO PUBLICO - Asociación el Defensor del Paciente - Negligencia Médica : Asociación el Defensor del Paciente – Negligencia Médica

Empezaré pidiendo perdón, a todos aquellos a los que, con este mensaje, pueda ofender, ya que no pretendo en modo alguno hacerlo.
La única pretensión es  aclarar, a todo aquel que no haya sufrido la pérdida de un ser querido por imprudencia médica, o  lo que es peor, que lo tenga presente con una muerte en vida, como es una gran incapacidad.

Ayer escuchaba con atención, a la hija mayor del desgraciadamente fallecido por la cobardía y sin razón del terrorismo, algo como todas las personas de bien estamos en total desacuerdo, la violencia solo conduce a más violencia y sufrimiento inútil de aquellos que la sufren en primera persona, y los que las sufrimos desde la lejanía.
Dicho todo esto, a pesar de toda esta barbarie, sentía “envidia”, al ver la libertad con la que la hija del fallecido llamaba cobardes e hijos de puta a los que habían matado a su padre, sentía “envidia”, del apoyo de toda la sociedad, gobierno, políticos, etc. Le rendían un homenaje merecidamente a este asesinado, por lo que no saben ganarse su puesto en la sociedad con la palabra y creen que pueden hacerlo con las armas de forma vil y repugnante.

Esta envidia, a algunos les puede alarmar pero llevo años viendo a mis compañeros sufrir por la sin razón de la imprudencia médica. Por ejemplo, como a un muchacho le meten en una máquina con engaños y le queman el  cerebro muriendo de forma innecesaria y cruel, como una criatura de 2 años que muere  porque “se equivocan al medicarle”, como un bebé de 7 meses que fallece al ponerle una sedación que no le correspondía, etc. Serian cientos los casos en los que las victimas acudían con confianza y se ponían en manos de ese, que iba a acabar con su vida, o como mi hijo y los hijos de muchas personas que han vegetado hasta morir o  vegetan por culpa de alguien que, de forma imprudente, no cumplió con su deber.

La diferencia entre morir por esto, o por un acto terrorista, es que los que sufrimos por imprudencia médica, no le importamos a ¡nadie!, ¡nadie! nos ofrece ni su apoyo, ni sus palabras de ánimo, ni tan siquiera nos “ofertan un psicólogo”, son victimas “naturales”, es más, si como victimas denunciamos para buscar ”justicia”, se nos acusa de peseteros, o se nos denuncia si se nos ocurre hacer públicamente lo que la hija del desgraciadamente fallecido hizo, por un acto terrorista. ¿Por qué a nacidos en el mismo país, con los mismos derechos, no se les valora igual?, el sufrimiento es el mismo, pero la defensa inútil. No podré entender ¡jamás! por qué la vida de mi hijo, o la de mis compañeros no vale nada para los ojos y oídos de los políticos duros  y deshumanizados cuando se trata de muertes o incapacidades por negligencia. ¡Jamás! ningún médico se ha preocupado de saber como está mi hijo, si necesita algo, si está vivo o ha muerto. ¿Por qué esta falta de sentimientos?

Hablan de que errar es humano, ¿quizás se puede perdonar un acto terrorista porque entendamos que están errados en sus ideas?, ¿quizás se puede perdonar al que mata a su pareja  porque está errado al hacerlo, al perder la razón?, ¿quizás debamos pensar que el que coge un coche comete un error humano al embriagarse y se le debe perdonar por ello?, ¿por qué las imprudencias médicas, que cuestan vidas, no son valoradas igual?. ¡Jamás lo entenderé! ¿Por qué mi sufrimiento es diferente?, ¿por qué fue en un hospital y no en la calle?, o ¿en un domicilio?, ¿por qué el dolor se valora como si fuera menor  por imprudencia médica que por otra imprudencia en otro ámbito social?, no lo podré entender jamás.

Por eso envidio a las victimas del terrorismo, envidio a la victimas de la violencia doméstica, envidio las leyes que protegen la Imprudencia vial, ¡sabe Dios!, cuanto los envidio, porque teniendo el mismo sufrimiento, tienen la comprensión, el apoyo moral y de todo tipo, no solo de la sociedad sino de los políticos, jueces, y se esfuerzan por legislar para evitar. A nosotros ¡no!, a nosotros se nos obliga a demostrar que nos han hecho daño, y cuando se  lo demostramos a base de dinero, sufrimiento y tiempo, nos lo reconocen a modo de sentencia  con el final de una limosna. Eso ¡sí!, a costa de  ese “pobre médico” que se equivocó sin querer, aunque fuera de forma imprudente.

 Carmen Flores